Un otoño a medias, de Alfonso Castillo

Diciembre 2014

A partir del reciente 26 de septiembre los acontecimientos en México han desbordado toda previsión, la única que parece no darse cuenta es la clase política y como antaño, pretende con mentiras y verdades a medias que su orden vuelva a establecerse, de forma que continúen actuando con toda impunidad mientras la corrupción galopante la intentan a medias ocultar.

Parece que la mancillada Presidencia de la República junto a su gabinete, los réprobos diputados, senadores y jueces, viven en un México diferente al de la sociedad civil; lo que resulta claro es que el Estado no representa más a los mexicanos e incluso se ha convertido en su antagonista.

Así lo manifiestan a últimas fechas los encargados de dirigir los discursos políticos sean los Secretarios de la Defensa y Marina, advirtiendo que el Presidente tiene atrás al ejército para acallar toda oposición; así también lo han dejado ver con la incesante criminalización de la protesta social, en un intento de desviar con los medios masivos de comunicación en contubernio el verdadero foco de atención, el cual reside en la exigencia de justicia ante la corrupción e impunidad de los diversos órdenes de gobierno.

Sin embargo las mentiras a medias de los gobernantes se han evidenciado; los infiltrados en la marchas que actúan con violencia para justificar la represión también han provenido de la autoridad, incluido el Gobierno del Distrito Federal; otra joya más del PRD, que fue quien postuló a Miguel Angel Mancera, igual que a José Luis Abarca Velázquez para que ocupara la presidencia Municipal de Iguala, posición que le permitió orquestar con sus policías y demás delincuentes aliados la brutal represión a los normalistas de Ayotzinapa, con la responsabilidad implícita por acción y omisión del gobierno estatal y federal, quienes desde meses atrás conocían de las actividades delictivas de Abarca y su esposa; todo ello ha prefigurado que el caso constituya un crimen de Estado.

En medio del torbellino de la protesta social, del dolor de los padres de los normalistas asesinados y desaparecidos, de los escándalos de corrupción y de una política económica fallida, los poderes ejecutivo y legislativo, hablando en nombre de los mexicanos recetan el 27 de noviembre un decálogo de medidas del todo insuficientes de acuerdo al Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU en México y muestran una vez más su pérdida de rumbo; el PRI busca que el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción sea presidido por el Ejecutivo Federal y los Gobernadores, los corruptos serán juez y parte, además pretenden evitar la confiscación de bienes mal habidos, lo caído caído, dirán; mientras el PAN está puesto a negociar tales concesiones a cambio de sus afamados moches. Otra simulación más, como el diseño y constitución a modo de las nuevas Fiscalías Generales. Más de lo mismo, como la negativa a investigar por las instancias competentes la adjudicación de obras públicas para el Grupo Higa, de Juan Armando Hinojosa Cantú, tanto en el Gobierno del Estado de México como a nivel Federal en los últimos años.

Pero las mentiras a medias no han bastado para acallar el hartazgo ante las corruptelas en la compra de la llamada Casa Blanca por la familia presidencial, donde el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, ya demostró que tampoco se ha quedado atrás para recibir la nada desinteresada generosidad de Hinojosa Cantú. De nuevo ha sido el PRD junto con el PRI quienes se han opuesto a la constitución de comisiones investigadoras en el Congreso de la Unión; inclusive Silvano Aureoles, el presidente perredista de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, pretende con su negativa que el PRI vea con buenos ojos se postulación como candidato a la gubernatura de Michoacán para el próximo año.

otoñoamedias

La clase política exhibe su arrogante miopía con su llamado a encauzar la crisis actual por medio de las instituciones, sin embargo lo que en última instancia están defendiendo son sus intereses de cúpula al costo que sea. Las instituciones vigentes ya no dan más de sí porque su propósito es otro, consistió en el diseño de un sistema de privilegio para las élites que detentan el poder económico y político, donde la concentración del ingreso ha llegado a niveles extremos a partir de las últimas tres décadas sobre la base de una ideología donde el mercado todo lo resuelve; no obstante por paradójico que parezca a los amplios sectores de población se les expolian los recursos para dinamizar el mercado interno.

Tal modelo ha mostrado sus falacias, a lo que ha conducido es a una sociedad cada vez más desigual y deteriorada en diversos ámbitos, no tan solo el económico, con éste el moral y el político, de manera que algunos, ante la falta de oportunidades y la miseria como futuro prefirieran engrosar las filas de la delincuencia, o bien quienes se dedican a la política tan sólo buscan la oportunidad de enriquecerse de manera ilícita olvidando su obligación con la sociedad. A los políticos y funcionarios corruptos no les conviene acabar con el narcotráfico porque para ellos representa una fuente de ingresos. Lo anterior es lo que hn configurado las cacareadas fuerzas del mercado.

Además del diseño perverso de las instituciones, sean organismos públicos o partidos políticos, éstas se encuentran ocupadas por arribistas que constituyen una secta carente de toda ética, querer obtener de éstos las fórmulas de solución es como intentar arreglar lo podrido arrojándole más basura. Tales instituciones se asemejan al mito de Tántalo o de Sísifo que nunca logran su objetivo, ya que están orientadas a esquivar su propósito formal, que no obstante difunden hasta el cansancio con peroratas discursivas. Y la ciudadanía, esa no importa, no cuenta más que para expoliarla económicamente, extraerle impuestos, así como para recetarle una insidiosa y mediocre mercadotecnia política para la obtención de unos votos que representan prebendas económicas y cargos con acceso a recursos públicos.

Por ello los diputados y senadores de todos los partidos políticos se dejan engrosar sus bolsillos por la Secretaría de Hacienda a cambio de mantener un Ejecutivo carente de toda credibilidad y con ello de legitimidad. Pero lo que sí fragua el honorable Congreso de la Unión es la Ley Antimarchas, mientras a través del Presupuesto de Egresos los autodenominados representantes populares reciben recursos millonarios para que gestionen una obra social carente de transparencia y rendición de cuentas; para eso incluso no tienen facultades, su función es legislar para beneficio de la ciudadanía y constituirse en un contrapeso del Poder Ejecutivo, no su vasallo. No es para eso que la ciudadanía les pagamos sus exorbitantes sueldos que ellos mismos se han adjudicado.

Ante tal marisma, resulta que la voz de los humildes ha sido quien ha elevado un clamor de Dignidad, eso representa el movimiento por los normalistas asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa, por ello los jóvenes estudiantes de todo el país que aún conservan nobleza se les han unido. Ha sido de nuevo la voz de los indígenas y campesinos, y con ellos lo mejor de la sociedad, quienes han cimbrado al país en este otoño, pese a las amenazas y represión de lo más espurio del Estado mexicano; más no por ello deben acallarse las voces, ahora es más necesario multiplicarlas.

Pareciera que las tesis de Hobbes contenidas en su Leviatán se confirman, en términos que el hombre en sociedad siempre estará en lucha contra el hombre y por ello se hace necesario un Estado que a base del temor logre imponer una convivencia regulada. Pero quizá también se siente la presencia del espíritu de Rousseau que reconoce una bondad en la naturaleza humana. Tal vez la disputa entre ambos pensadores continuará allende el mundo terreno, pero lo que en todo caso ha demostrado la realidad inmediata es la carencia de una esencia humana, que el contenido de ésta es histórica y material y que un pueblo con arraigo cultural, con una sabiduría e identidad propias, que dialoga con sus ancestros, que basa sus creencias en una armonía con la naturaleza, siempre se opondrá al avasallaje de quienes pregonan modas económicas, pero que en el fondo defienden tan sólo los intereses espurios de unos privilegiados que lo quieren ser más, a costa de todo.

Por ello las actuales instituciones son incapaces de dar salida a la actual crisis, su razón de ser difiere de las exigencias de la sociedad por justicia, por un estado de derecho, por condiciones de igualdad en todos los órdenes; para que éstas se concreten este otoño ha mostrado que debe ser la sociedad civil quien se empodere, que debe organizarse y articular sus propias alternativas para una lucha que será larga, difícil y digna. No obstante el futuro es promisorio, México será otro, ya no a medias después de este otoño, como lo han mostrado con gran lucidez los estudiantes del Politécnico con su triunfal movimiento

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