Los días acalorados y la desobediencia civil, de Alvise Calderón

Los días han estado acalorados: palacios quemados, 43 estudiantes desaparecidos, un gobernador que renuncia, un presidente que destina 4 minutos a los familiares de los desaparecidos en Ayotzinapa, un cómodo avión para su majestad el presidente de la república, con un valor de 750 millones de dólares. Presupuesto mayor que lo destinado a las normales rurales, aún cuando en 2003 (http://bit.ly/1z2gasP) se clamó que se iban a destinar 75 millones de pesos más, es decir, 7.6 millones de dólares. El México surrealista.

Una marcha multitudinaria de más de cien mil personas. Donde se constató el monstruo y la fuerza que constituye el México desatado, destrozado y harto de un Estado contaminado por la corrupción y el pamilitarismo.

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Palacio municipal de Iguala. Foto: Cuartoscuro

Las consignas lo dicen todo, y son las voces de la ciudad y los pueblos que comparten un elemento indistinto entre todos nosotros: la violencia brutal, la vulnerabidad, la falta de justicia y la corrupción que involucra a toda la estructura, iniciando por el Estado, los tres órdenes de gobierno, los partidos políticos y las policías. La ley de las armas se ha impuesto.

Quedan las consignas, que desatan y destruyen la tensión de las voces nuestras, siempre acalladas. Las piedras de los edificios coloniales vibran, jóvenes en su mayoría, pero una multitud de movimientos que muestran que los 43 vivos están ahora y con nosotros.

Las calles replican:

Uno,dos, tres, cuatro, cinco….43, ¡JUSTICIA!!JUTICIA!

Vivos! Vivos! Vivos!

El mismo ritmo, la misma angustia, en un ritual social, acumulativo que conlleva consigo la suma de los pasos de la frustración y del tiempo de la muerte. Los gritos, antorchas, velas, que encienden la indignación que exigían y exigen:

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

¿Por qué?,¿por qué? ¿por qué nos asesinan?, ¡si somos la esperanza de América Latina!

¡Ayotzinapa Vive! ¡la lucha sigue y sigue!

Pareciese ser que, como dijo Walter Benjamin, el hombre es un engaño nato, y la vida un contexto culpable, pero en este caso para los jóvenes en México.

 

 

En la marcha estuvieron allí IPN, UACM, UAM,UNAM, Amnistía Internacional, Greenpece, el SME,el Frente Popular Francisco Villa, la Iberoamericana, Universidad Lasalle, el barrio de Tepito, entre tantos más… Todos nosotros conglomerados, todos nosotros con las mismas consignas que en los años 60, la renovada YoSoy132 y el 1,2,3…43, ¡JUSTICIA!. Un mitin polifónico de indignación, una misa por la justicia. Un grito desesperado del hartazgo social generalizado. En una atmosfera de flagrante crimen de Estado. En lo que resulta ser la cotidianidad traumática de la vida nacional.

El Mexican Moment se convirtió en Mexican Mortem.

Probablemente como decía un normalista durante el mitin, están “pagando por aquellos que vendieron su voto por una despensa”.

Lo pagaron los 43 estudiantes y los miles de muertos y desaparecidos hasta el momento y los que siguen.

¿Dónde quedaron las voces críticas de los rectores universitarios? Aparecen posturas acalladas, tibias pero sobretodo complacientes. Domesticada la palabra, el ejército de educadores se convierte en ejército de aduladores y la disidencia de los intelectuales aparece sobrecogida por prestaciones, privilegios, miedo y control. Sin pronunciamientos claros, el no tener postura, es ya una respuesta.

Parece que ya corren otros tiempos a cuando Barros Sierra, rector de la UNAM durante el 68, planteaba posturas claras poniéndose en la vanguardia de las movilizaciones estudiantiles tras el bazucazo de las puertas de San Idelfonso el 30 de julio de 1968. Cabe destacar la participación y el pronunciamiento del rector de la UACM, Hugo Aboites y del rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez.

El discurso de la clase política actual es la misma que hace cincuenta años. Un ejemplo de ello son las declaraciones en relación a la Normal Rural de Ayotzinapa del diputado local de Guerrero por Movimiento Ciudadano, Evencio Romero, la denominada izquierda mexicana: “Es un centro de adoctrinamiento de la Teología de la Liberación y quieren desestabilizar el país… la Normal ya perdió su razón de ser”

No hay mejor respuesta, que la que del vivo, del sobreviviente, del actor, del afectado. Así se describe en una carta dirigida al presidente Díaz Ordaz tras el cierre de 15 escuelas Normales Rurales en 1969:

 

”Si ustedes mismos están siempre porque no haya analfabetas, que haya educación en México, ¿en qué formas?, si ahora que desaparezca la única esperanza del campesino son las normales rurales (http://www.jornada.unam.mx/2010/08/09/opinión/010a1pol).”

 

El sexenio de Peña Nieto, es el sexenio del desmantelamiento de las instituciones producto del Cardenismo. La supuesta “modernización”, trajo consigo la privatización del sector energético y la búsqueda de acabar con lo que Monsiváis describió, como “el producto acabado de la revolución convertida en escuela”, es decir, las normales rurales.

Mientras tanto el Estado, busca hacernos caer en la trampa de la renuncia de un gobernador y la detención del alcalde de Iguala y su esposa. Buscando individualizar así responsabilidades, culpas y dejar intacta la estructura. Descartando así las responsabilidades al Procurador de Justicia, Murillo Karam y del director del Cisen Eugenio Ímaz Gasper.

Jorge Carrillo Olea explica que en Iguala reside un batallón del ejército con más de 600 soldados, y por si fuera poco también un delegado de gobernación y del Cisen.

Hay muchas preguntas que el gobierno ha querido ocultar.

  1. ¿Realmente fue una sorpresa lo que iba a ocurrir en Iguala?,
  2. ¿Porque los servicios de inteligencia, quisieron ocultar lo que se decía entre la propia policía municipal y el narco los días previos a las desaparición de los estudiantes? ¿El Estado sabía lo que iba a suceder, y no hizo nada?
  3. ¿Fue falta de inteligencia o complicidad para darle jaque mate al PRD y al partido de Morena para las elecciones de 2015, y paralizar en seco a las normales rurales?
  4. Si se quisiera detener al alcalde de Iguala, José Luis Abarca, ¿por qué no han revisado las cuentas bancarias de este y las líneas telefónicas que tenía de los días previos a la desaparición? ¿Y de igual forma del gobernador Ángel Aguirre?
  5. ¿Qué nombres aparecen en las lista de llamadas del gobernador y del alcalde de Iguala los días previos a las desapariciones?
  6. ¿Por qué la desaparición de 43 estudiantes provoca la renuncia del gobernador y el asesinato a sangre fría de 22 personas, entre ellas de una adolecente de 15 años en Tatlaya, no provoca la renuncia del gobernador Eruviel Ávila?
  7. ¿Por qué los medios de comunicación no le dieron el mismo seguimiento e impacto en sus páginas de la desinformación y manipulación como fue el caso de Ayotzinapa?

Marat, el gran jurista francés que empleaba su tina de baño como oficina, planteaba que las penas más graves debían de ser para aquellos que ocupasen puestos más altos dentro de la estructura, aquellas labores que conllevasen más responsabilidades.

¿Qué le ocurre a un capitán de barco cuando comete negligencia y el hundimiento de éste? Pues simple y sencillamente se hunde.

¿Qué le ocurre a un funcionario público cuándo comete fraude, asesinato o corrupción? Nada o casi nada. Probablemente solo su renuncia.

La justicia no responde con la simultaneidad de la sociedad, no por ineficacia, sino por complicidad. El Estado responde con un simulacro diez días después de los hechos en un ridículo discurso de cuatro minutos y hasta ahora, a casi un mes no sabemos nada de los estudiantes. Qué raro que los policías detenidos no sepan nada. Mientras tanto “los de arriba” esperan a que el ebóla se vuelva caso de primera plana. El Secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray explica de manera muy honesta y sobre todo muy humana: “Cualquier percepción negativa sobre México es una preocupación en términos de atracción de inversiones” (http://bit.ly/10YLFsN)

El país es una fosa común, donde los muertos, nacen como flores de cempasúchil durante el invierno, pero para ellos es mejor esconderlos.

El dinero justifica los medios y como dijo Carlos Marx “el capital no tiene patria” y para el contexto nacional del siglo XXI, tampoco tiene madre.

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