Para el periodismo mexicano no existe crueldad que no pueda excusarse.

Por Stephanie Kaleigh

¿Qué creemos? Las mentiras que encarcela la prensa nos tienen confundidos y desilusionados, con la presencia de la rabia de todos los ciudadanos que aspiramos sobrellevar el tema.

Las funciones del periodismo están guiadas por normas como la honestidad, ética y veracidad, pero ¿qué ocurre cuando estas normas se nublan por la fuerza y autoritarismo del gobierno?

El periodismo en nuestro país se vincula con la época colonial, cuando en el siglo XVI, se movían por las avenidas de la capital de la Nueva España conocidos pregoneros, voceando en los sitios frecuentados las noticias de la actualidad, pero no diferenciándose mucho con el presente, esta ocupación era ejecutada bajo la vigilancia de las autoridades coloniales. Más adelante se establecieron talleres de impresión, dando paso a la circulación de volantes, que con el paso de los años, construirían el primer periódico de México. Fue en 1722 cuando el sacerdote Juan Ignacio de Castorena y Ursúa instauró tal hecho.

Desde esos tiempos, el periódico tuvo, aparentemente, una utilización práctica. Su popularización en las colonias se adecuaba perfectamente a las exigencias de hombres ocupados y a la necesidad de información del pueblo. Era aceptable hallar columnas de sucesos de la época, desde ensayos locales hasta procedimientos de cultivo.

Pero la prensa política, comúnmente novedosa y curiosa para muchos pobladores mexicanos, se ubica aproximadamente con el movimiento de Miguel Hidalgo; fue evidente que los periódicos se utilizaban como medio de participación cívica y buúsqueda de un México independiente y, con la demanda de estos para la examinación de la ideología, se situaron talleres de impresión en varias ciudades.

El pueblo, interviniendo considerablemente en cuestiones políticas, requiriendo explicación por hechos inmerecidos y solicitando amparo a colectividades desdeñadas, se olvidó por un momento del poder improcedente con el que cuenta el gobierno, que sin importar corriente o partido político, siempre ha tenido sangre en las manos. Así, con la sorprendente influencia de la prensa, aparecen personas con el espíritu de comunicar hechos no contados, hechos que quedaron en injusticia y secretos a voces, hasta la actualidad. Ahí, justo ahí se mezcla el miedo, la verdad, la represión y la muerte…

La prensa mexicana fue, en algún momento y no generalizando la actual, nuestra libre expresión, nuestro objeto de análisis social, nuestra herramienta hacia la democracia, pero ahora, el periodismo y el ciudadano están “en la mira”. La figura utilizada para resumir la dificultad de las cosas, es el día a día de los periodistas, tristemente aceptan que tienen miedo de explicar lo que se está haciendo, por qué está pasando y qué es lo que realmente se está viviendo en nuestro entorno.

México, donde los principales medios de comunicación minimizan la crueldad del problema, fue catalogado por los relatores de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como el país más arriesgado para profesar el periodismo en América en el año 2000 y, sin dejar pasar a los valientes en busca de la libre expresión y exposición de injusticias y masacres, se contabilizaron 30 periodistas asesinados en diciembre de 2006. ¿Cómo estaremos al acabar 2014?

Siendo tan influyente esta actividad en la sociedad, haciéndonos creer que todo lo que leemos es lo que está pasando, surge la información disfrazada que se hace pasar por información periodística, tratándose de introducciones pagadas (generalmente por los que están en el poder), principalmente en medios televisivos e impresos, y ahora, queriendo filtrarse hipócritamente en los medios digitales.

El uso de información disfrazada, también llamada gacetillas beneficia a su figurante y a la gerencia de los periódicos. Los figurantes pocas veces escatiman sobre el precio para obtener prácticamente publicidad, y como reacción, la prensa obtiene el presupuesto deseado, aunque con el gobierno, muchas veces solo basta la amenaza. Y la justicia, suprimida.

Algunos como lectores, ignoramos esta estrategia y nos cuesta distinguir la información. Olvidamos la esencia de la noticia, que no se queda solo en el reportaje, esa que brinda un seguimiento de casos y es capaz de enfrentarse a la versión original y la valentía de perseguir las huellas que permitan incrementar los costos de la ilegalidad, la opresión y la corrupción, pero a costa de qué, de sangre: para el periodismo mexicano no existe crueldad que no pueda excusarse, pero lo peor, es que México no se conmueve, deja pasar la noticia enmascarada de merecimiento: “estudiantes muertos por promover vandalismo”, “mueren bebés por accidente”, “encuentran a mujeres torturadas por intentar cruzar la frontera”, “mueren personas en un casino por causas desconocidas”. No, esto no justifica, ni es justicia.

epn_rolling_stone

Imagen no editada, propiedad de la revista Rolling Stone.

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