Tele-cuentos: la fantasía televisiva

Por Katheryn Hernández

Él ha visto una telenovela, ella ha visto una telenovela y se podría decir que todas las personas han visto en alguna ocasión una. Por aquello de las ocho de la noche las amas de casa, los estudiantes, señores o hasta niños se dirigen a la sala de su hogar para contemplar la telenovela producida por Televisa o TV Azteca.

            La telenovela es el género que logra atrapar más televidentes, por eso, ciertas marcas de productos pagan su publicidad justo en el horario en que la trasmiten. Y aunque muchas personas las consideren malas, vacías o programas que no aportan nada; estudios han comprobado que las telenovelas captan la total atención de sus receptores.

                La telenovela se instauró en 1957 en las pantallas de los mexicanos con la historia “Senda prohibida” de Fernanda Villeli. La industria televisiva comenzó con la estación 4 de la familia O’Ferril, 2 de la familia Azcárraga y 4 del ingeniero Camarena, pocos años después se fusionaron los tres canales y formaron el consorcio Telesistema Mexicano, pero esté se juntó con la competencia TIM (Televisión Independiente de México) y se formó Televisa.

            Los primeros teledramas fueron patrocinados por empresas extrajeras, se adaptaban las radionovelas a las tecnología de la televisión; por tanto, se presentaban los mismos contenidos pero ahora filmados. Sin embargo, entre 1952 y 1956 sólo se trasmitían tres veces por semana, pero a partir de 1957 se empezaron a proyectar cinco veces como en la actualidad. Las empresas televisivas nunca han sido tontas, pues saben de las buenas ganancias que se obtienen con los tele-cuentos. Las telenovelas de manera literal se han vuelto en un producto que se vende muy bien.

Desde los setenta Televisa estableció su casi monopolio a nivel nacional. Comenzó trasmitiendo de las 17 horas hasta las 20 horas, pero hoy en día ya se alargó hasta las 22 horas de la noche. Fue en los ochenta cuando empezó a realizar productos especiales para niños, jóvenes, mujeres, hombres y personas con educación más alta.

En sus historias padres e hijos se pierden, existen encuentros casuales, hay reconciliaciones, los buenos están expuestos a grandes peligros, se confía en personas que al final resultan ser las enemigas, se pierde un amor, hay chantajes, pleitos, malentendidos, etcétera. La telenovela se dirige a los sentimientos del televidente, apuntando al corazón, al lado humano, idealista, soñador del ser humano, al que lo hace escapar por minutos de la realidad para llevarlo al mundo de fantasía.

Es sumamente sorprendente el cómo el gobierno puede utilizar consiente o inconscientemente a las telenovelas como elementos de distracción, entretenimiento y hasta relajación. Pues todo comunica, nada está hecho al aventón, y por ende toda producción tiene una intención. Los problemas que presentan en las narrativas pueden provocar desorientación e inseguridad social, los cuales son problemas fundamentales en las masas modernas; incluso hacen que temas como la homosexualidad y el aborto queden como tabús. Con su estrategia de mostrar actores o actrices con cuerpos esculturales, con rostros lindos y, en ocasiones, semidesnudos, hacen que el espectador permanezca sentado esperando la continuidad de la historia.

Contrastan estilos de vida, imponen modas y tratan de difundirlas, pero Televisa ha declarado que los suyos son productos de alta calidad que influyen en el público con un “bien”, y a través de las telenovelas los receptores aprenden hábitos “buenos”. Sin embargo, en un inicio las telenovelas fueron un reflejo de la sociedad, para que las personas se identificaran y adoptaran costumbres y actividades de los personajes. El aprendizaje por observación es capaz de marcar patrones de conducta, reforzar ideologías, cambiar valores y planteamientos morales.

La televisión no es un mundo imaginario que se separa de la realidad, porque la tv tiene el rol de informar, entretener, instruir, vender, educar o prevenir. Y según la Agencia IbopeAGB un televidente mexicano dedica cuatro horas con 45 minutos diarios a la televisión.

Lamentablemente cuando se trata de informarse el 24 por ciento de los televidentes aseguran que El Noticiero, conducido por Joaquín López Dóriga es el mejor. Mientras que en el duelo de melodramas que transmiten las televisoras, las producciones de Televisa son mejores, dicen 19 de cada cien mexicanos, entre los que cuatro consideran como excelentes a las de Televisión Azteca. Según la investigación de Kaleydoscopio seis de cada diez personas entrevistadas dijeron no ver telenovelas, y las cuatro restantes no se las pierden.

La mayoría de los mexicanos toman a la televisión como su más confiable fuente de información respecto a temas de política o farándula, no se detienen a pensar que las noticias que dicen en un minuto no son analizadas, no tienen contexto y no resaltan su verdadera importancia. Se necesitan más de cinco minutos para que López Dóriga diga el verdadero impacto que puede tener un hecho. Mientras que las telenovelas sólo son narraciones que tienen influencia en sus receptores, pues en los envuelve en situaciones similares a la realidad.

Muchos intelectuales afirmarán que ellos no ven ningún programa de Televisa porque son de baja calidad, sin embargo, deberían poner atención en esos productos audiovisuales; debemos saber de qué tratan de convencer Televisa y su amigo Peña Nieto, ¿cuáles mensajes les están llegando a las amas de casa? ¿qué noticias consideran importantes? ¿cuáles están ignorando? y ¿por qué los están ignorando?…

No se debe tachar de incultos a las personas que vean telenovelas, cada quién sus gustos… Pero si usted consulta diferentes medios, lee más fuentes de información y conoce más opiniones que la de López Dóriga, sería altamente recomendable platicarle, informarle o abrirles los ojos a las demás personas de su realidad. No hay que permitir que nuestros vecinos, familiares, amigos, etcétera sean convencidos de ese mundo de fantasía que nos proyecta la televisión, hay que utilizar las tecnologías para que todos conozcan a esas miles de personas que salen a marchar por sus intereses. No creo que sea un acto inocente trasmitir cinco horas seguidas de telenovelas y de pura coincidencia le seguían dos horas más con el Noticiero de López Dóriga.

teleovela

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